miércoles, 15 de agosto de 2007

Señora de unos cuantos puntos.

Un informe preparado por el entorno de Baruch Ivcher le estalló en la cara a Cecilia Valenzuela la tarde del lunes pasado.

Ivcher, que había estado de viaje, se enteró a bocajarro que el programa de la ventana discreta y la puerta falsa seguía aquejado de un rating tan bajo como sus intenciones, que su conductora había dicho que contaba con el apoyo explícito de su patrón en todas las “campañas” emprendidas durante su ausencia y, encima, que se le venía un juicio de padre y señor por parte de Gustavo Mohme, blanco del hígado graso de la señora en cuestión.

El hombre que no quiere pagar 54 millones de soles a la Sunat convocó a una reunión de emergencia esa misma tarde. Lo acompañó Alberto Cabello, su teniente alcalde. Por el lado de la señora de los pocos puntos estaba también Gilberto Hume, esa sombra benévola. El tema era qué hacer con un programa que el jueves pasado había perdido ya no sólo ante Prensa Libre, hecho consuetudinario, sino ante Cállate Beto, de Canal 11, (segunda media hora del jueves 9 de agosto del 2007: Ventana, 3,9; Beto: 4,3, rating de hogares, Ibope Time).

¿Perder frente a Beto? ¿Perder frente a Beto, que está en un canal de antena helada, audio constipado y camarógrafos con neumonía? Eso era lo último que Ivcher hubiera podido esperar.

El hombre que recibió sus veinte millones de consolación le dijo a la señora de los pocos puntos que no estaba de acuerdo con sus desmanes a la hora de tratar el asunto de Gustavo Mohme, que cómo era posible que todo se hubiese construido sobre el testimonio de un delincuente como Crousillat, que qué clase de investigación era esa que hasta Bayly la había hecho trastabillar en la entrevista de entrecasa que tuvieron el fin de semana antepasado.

La señora recordó que no era la primera vez que una fuente de tal calaña había sido útil tanto para ella como para el canal.

El señor principal levantó la voz. El señor Hume intervino para pedir calma. La señora preguntó qué podía hacer para que las aguas volviesen a su nivel.

El señor principal le dijo que lo único que cabía era conformar un Consejo Editorial que calificara sus investigaciones. El señor Hume murmuró una resistencia. La señora de la ventana sin vistas dijo, valientemente, que ella no aceptaba autoridad alguna sobre su programa.

Ambos convinieron en que lo mejor sería que el programa no saliese esa noche. Y no salió. Digamos que no fueron millones quienes lo extrañaron pero, eso sí, todo el colegaje se hizo mil preguntas. Y miles de televidentes también.

Gilberto Hume habló a las diez de la noche con una periodista y le dijo que el canal les quería imponer el Consejo Editorial, que ellos no lo permitirían, que cada uno estaba en su trinchera y que, por favor, no mencionara su nombre.

Esa misma noche, los hombres de negro del canal sellaron las oficinas de La ventana, escanearon lo que pudieron, revisaron y cancelaron algunos correos electrónicos personales y se encargaron de que nadie próximo al programa agónico acercase sus narices.

Al día siguiente, el señor de los veinte millones cobrados y los cincuenta y cuatro por pagar se reunió a solas con la señora de los pocos puntos. Ya no estaba Hume, pero sí, al parecer, Cabello.

El asunto es que la altiva señora de tan latina frecuencia se convirtió en la más faldera de las lideresas de opinión. Aceptó la vigilancia, la supervisión, el monitoreo y el grito con tal de permanecer en pantalla. Sólo pidió que no se llamara Consejo ni Comité, que fuera una persona nombrada por Ivcher la que viera los asuntos delicados antes de que saliesen al aire.

–Porque eso, Baruch, me permitiría decir esta noche que no hay Comité ni Consejo, que todo sigue igual y así los dos quedamos bien, ¿no te parece? –preguntó la señora.

Baruch dudó un instante y la miró como si mirara a una palestina que tiene los días contados.

–Perro todo lo que pueda traeerr prrobrrrema que lo vea Iván –dijo en un tono demasiado alto para el momento.

–Eso ya es un acuerdo –dijo la señora, con la mejor de sus sonrisas con hoyuelo.

Y anoche salió, con el coraje de siempre y la dignidad profesional de todos los días. Una sola pregunta doble seguía martillándola: ¿Le ganaría a Beto Ortiz esta vez? ¿Le gustaría a Iván lo que diría?

César Hildebrandt
La Primera

3 comments:

Luis V. dijo...

Uhhhhh

UUHHHHHH!!!

Bueno. Es cierto que el rating nunca ha favorecido a los que deberia favorecer. Pero que ahora la supervise y le deba dar el visto bueno un esbirro del empresario...

Deberia renunciar.

Anónimo dijo...

Anonadada, si, ese es el término correcto, "anonadada" he estado estos dos últimos días con la conducta “sincronizada” y cobarde de los incondicionales "muchachos", los "pirañitas" de la Chichi.

Te cuento que a diario navego por el internet, siempre, para que los oportunistas y difamadores no salgan con la calumnia de que soy "sobradaza", siempre, como te decía, me doy una vueltita por los blogs y los leo a todos sin hacer distinción. Leo y reviso desde los buenos que los hay, después saltó a los regulares que abundan, y hasta los malos y re-re-contra malos que también les echo un vistazo, no sólo para animarlos con mis comentarios a que insistan en seguir forjándose, sino porque el concepto que tengo sobre la "democracia" me obliga a ser solidaria y ellos lo saben.

En cuanto me enteré que el bodrio ese no había salido al aire, lo primero que hice la siguiente mañana en cuanto me levanté, fue chequear la reacción de los pirañitas de la Chichi. Te confieso que esperaba una reacción de película, algo de cinco estrellas: Alucinaba a los pirañitas mismos "gremlins", agresivos, cachiporra en mano, marchando por el centro de Lima con dirección al congreso, exigiendo a gritos que Frecuencia Latina es del Pueblo y que pase a manos de sus trabajadores, compañero García, los verdaderos dueños del canal..!

Qué desilusión..!

Hechos unos cobardes, lejos de salir y dar la cara y explicar a sus miles y miles de lectores lo mucho o poco que sabían de lo que estaba pasando con La Ventana Indiscreta, los pirañitas, con la cola incrustada entre las patas, huyeron escabulléndose por los edificios de la residencial San felipe. Recopilando, los intelectuales, muertos de miedo por la "abrupta" reacción del ‘broadcaster’ israelí, que se apareció en el canal con látigo y todo, los pirañitas, a la velocidad del rayo, se escondieron debajo de la cama y en sus blogs, para qué les cuento, no se animaron ni a dar la hora; pusieron música clásica y en silencio permanecieron rezando a la virgen de la Candelaria .

Lo curioso y “sincronizado” es que tampoco las pirañitas se hicieron las visitas de rutina a sus blogs que a diario entre ellos se hacen con el fin de darse así mismo "rating", echarse lisonja e ínfulas, y, muy consecuentes en este acápite, repetir las mismas tonterías que uno le dice a otro y éste repite a un tercero y así sucesivamente hasta que la tía de los gremlins diga basta.

En resumen, en cuanto “la coyuntura”, que es algo así como una montura de la que hay que agarrarse con dientes y uñas porque el que se cae se saca la chochoca y después no va a figurar en los anales de la historia, como decía hace un momento, en cuanto la coyuntura hizo peligrar el ticket a Hollywood, o por lo menos al caluroso Miami que la Chichi ha asegurado tarde o temprano hasta allí llegarán tendrán, siempre y cuando, sigan ladrando como lo están haciendo....

Pensando seguramente en estas fantasías es que a los gremlins se les ocurrió no decir nada.

Manuel Vilca dijo...

El único rating que se ha ganado la dama del hígado, se lo debe al buen humor de Carlos Alvarez. No recuerdan acaso el rating en picada, cuando la Cortina de Humo estuvo fuera del programa?
La satanización irracional contra todos quienes trabajaron en el gobierno de Fujimori, y contra el mismo ex-presidente no admiten perdón. Cuando la corte chilena confirme la sentencia del juez Alvarez seguramente atinará a que la justicia chilena es pinochetista y otras sandeces.
Es hora de recuperar la memoria y olvidarse de los tribunales inquisidores mediáticos peruanos que juzgan y condenan sin pruebas.